Fetichismo etimológico


Navegando por las procelosas aguas de La Socia (Internet para los profanos visitantes de este blog) nos hemos topado con un interesante y salaz artículo sobre el fetichismo (http://culturainquieta.com/es/erotic/item/7642-estudio-sobre-el-fetichismo.html) que ha dado pie a un nuevo "Te cojo..." debido a nuestra ya conocida y denunciada idolatría por el lenguaje.


La palabra "fetichismo" ('idolatría', 'veneración excesiva') procede del francés fetiche, un vocablo que nuestros vecinos de Francia tomaron, a su vez, del portugués feitiço allá por el siglo XVII.


Tras la conquista y posterior colonización de las tierras amerindias por los pueblos indoeuropeos, los navegantes de la Lusitania (Portugal) utilizaron esta palabra para referirse a todo el conjunto de objetos y abalorios que los pueblos aborígenes utilizaban supersticiosamente en el culto a sus dioses y fuerzas de la Naturaleza.


La palabra feitiço es una voz romance que procede del latín facticius ('artificial', 'inventado') perteneciente a la familia léxica del verbo facere que en español dio lugar al verbo "hacer".


Para el ideario cristiano, estos objetos de culto o fetiches descubiertos en las tierras del Nuevo Mundo eran totalmente artificiales, de ahí su relación con el original latino.


No obstante, y a título de advertencia etimológica, nos gustaría aclarar que el término latino facticius no tiene relación alguna, a pesar de su vecindad fonética y semántica, con el español "ficticio".


Como hemos dicho supra, facticius procede de facere ('hacer') mientras que "ficticio" debe su origen etimológico al también latín fingere, de donde en español tenemos "fingir", "fingimiento" y el citado "ficticio", este último tomado de la forma de supino (fictus) del verbo latino ya mencionado.


En español, el adjetivo que procede de la forma latina facere es "fáctico" ('de hecho') tomado por vía culta de la forma de supino (factum), de donde, a su vez, procede la palabra "hecho" (adjetivo o sustantivo) por vía patrimonial.


Dicho sea todo lo anterior sin ánimo de abrir las puertas al lector de esta singular forma de fetichismo etimológico al que se ve sometido (día sí y día también) quien suscribe este blog. Si no quieres, claro.



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