La Socia

La Opinión de Tenerife, 30 de marzo de 2005


Un reciente estudio sobre Internet desvela que la mayoría de fraudes que se tejen en esta red de comunicaciones y socialización son los relacionados con la identidad. Es decir, que quienes nos conectamos con cierta asiduidad a través de La Socia no somos quienes decimos ser.


A mí este estudio me parece sumamente acertado y tengo que decir que estoy muy orgulloso de ser quien no soy. Y al que no le guste, que no se conecte. Ahora mismo, sin ir más lejos, no estoy muy seguro de si soy yo mismo quien escribe estas líneas o un primo hermano de Cristiano Ronaldo.


Tengo mi casa empapelada de libros de toda índole (mayormente noveluchas como las mías) y, cada vez que cojo uno y lo leo, trato de imaginarme que soy yo ese personajillo de papel que tanto divaga, mata o folla. Un ratito al día, me siento el hombre más feliz del mundo porque puedo ser quien no soy sin miedo a que me interrumpan, enchironen o ingresen en la UVI por inflamación de los cuerpos cavernosos.


Gracias a La Socia se ha producido un avance en esa virtualidad del homo legens, para convertirnos en homo scribens, porque ahora la novela la escribimos todos, en vivo y en directo, forjando una nueva personalidad a golpe de teclado ante una viciosilla señorita de Murcia, que no sabemos con certeza si es murciana ni señorita.


Por otro lado, contamos con la ventaja de que a través de La Socia se conecta gente muy pazguata que necesita creer a toda costa. Sin ir más lejos, el otro día me hice pasar por Miss España y me han llovido ofertas de todos los idiomas. Incluso un sexagenario gallego me ofreció seis mil euros por dejarle probar el jamón de pata negra. Ya quedaremos un día de estos para que me haga la transferencia. Que sufra un poco.


La Socia es esa celestina vieja y resabiada que acoge a todo diablo que pueda pagarse una tarifa plana y, una vez satisfecho el estipendio, se nos abre de piernas y nos ofrece, generosa y melancólica, el género de que dispone, muy variopinto.


La Socia tiene de todo: que usted quiere fabricarse una bomba atómica para tirársela al vecino porque no deja de incordiar, pues La Socia le regala el croquis del petardo nuclear; que usted quiere vender las reliquias de un santo milagroso para ganarse unas perrillas extra, pues La Socia le monta el chiringuito; que usted quiere hacerse un lifting de personalidad con currículum vitae envidiable, pues La Socia le pondrá en contacto con otros incrédulos (y mentirosos) como usted.


Después de las toallitas húmedas, La Socia es el mayor descubrimiento en la Historia de la Humanidad, un descubrimiento que nos hará ascender un peldaño más en el escalafón de los homínidos: de homo sapiens a homo socialis. Con la inspiración de La Socia escribe uno cada día esa página de la novela de nuestra vida a la que sólo pondremos punto y final el día en que nos corten la línea por falta de pago.





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