Operación Totufo

July 17, 2017

La Opinión de Tenerife, 18 de octubre de 2006

 

 

Ya está en marcha una nueva edición de esa totufada mediática a la que llaman Operación Triunfo.

 

Como todos los años, me gusta asistir a los primeros episodios del reality para ver de qué pie cojea esta vez el bodrio, el mismo pie de siempre, por cierto.

 

La idea de partida de Operación Totufo no es mala, todo hay que decirlo: meter a unos regatones en la escuela (con lo que cuesta actualmente) para que aprendan algo, aunque sea con la insana promesa de que los van a convertir en unos figuras, eso sí que es un verdadero triunfo.

 

Como decía, la edición de este año empieza igual de patizamba que las anteriores. Unos aprendices de totufos entran en una academia donde unos totufos integrales intentan conducirlos por la senda de la única verdad artística de estos tiempos: el arte es un producto prefabricado para el usufructo de unos pocos que manejan el cotarro.

 

Luego está el jurado, o Consejo de Totufos Supinos, que en esta edición ha engordado con nuevos miembros que tienen poco o nada que ver con la música.

 

Es el caso, por ejemplo, de ese nuevo fichaje que responde al nombre de Risto Mejide y que, para más señas, se dedica a sus labores de publicista, un sujeto que va de malo de la película, no sabemos si para hacerse el gracioso o para quitarle el protagonismo (o desviar la atención del público) a la Noemí Galera, que esa sí que es una mala de verdad: es mala cuando habla, es mala cuando mira, es mala cuando sonríe, una mala de película, aureolada de cinismo, de esas que no se veían desde los tiempos de Bette Davis.

 

No se explica uno como un sujeto como el tal Risto Mejide puede formar parte de un jurado en el que se debe valorar la capacidad artística de unos regatones en vías de formación.

 

En primer lugar, no tiene tacto ninguno para dar sus veredictos a los concursantes. El pasado domingo se atrevió a decirle a uno en la cara que a él (Mejide) le importaba bien poco si sabía cantar o no, que él mismo no entendía de música.

 

A otro totufito le espetó en todo el morro que sencillamente no le caía bien, que no era más que una cara bonita y que con eso sólo no iba a ninguna parte.

 

No sé cómo se les permite a individuos de esta calaña y soez proceder asomarse a una televisión. Un señor que se presenta en un plató con las gafas de sol de Tony Baretta y un look a caballo entre Camilo Sesto y el Torrente más casposo no puede ejercer de jurado de nada. 

 

Operación Totufo profundiza una vez más en esa cultura basura, de consumo inmediato, que nos regala cada día nuestra vilipendiada teletonta.

 

La academia de Operación Totufo es un cúmulo de despropósitos. En ninguna escuela te expulsan el primer día por no hacer la tarea.

 

 

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