Idaira

July 17, 2017

La Opinión de Tenerife, 21 de octubre de 2005

 

Si la cosa no lo remedia un cataclismo natural, la presente edición de Operación Triunfo la va a ganar Idaira -esa joven taciturna (o aplatanada) de sonrisa triste y nariz de karateka-, porque el dinero que los canarios han dilapidado por salvar a la muchacha está dando de comer a más de un muerto de hambre de la ínclita Academia. Y este tipo de gente, en el fondo, es muy agradecida.

 

El caso Idaira es uno de esos chollos mediáticos que afloran cada año y que cuatro listillos han sabido aprovechar para ponerse las botas y bailar al son de un blues de mensajes que no ha dejado de ingresar pelas en la cuenta de una conocida productora audiovisual.

 

Yo no sé si Idaira será mejor o peor cantante que cualquiera de los otros cinco finalistas de la edición de este año, pero de lo que sí estoy seguro es de que nuestra Idaira (ya yo la siento mía después de tanto bombardeo beatífico) es la más rentable, la que más dinero ha recaudado para los sabios de la Academia con una nominación tras otra.

 

Estos tíos son más listos que el hambre, tienen sus estudios estadísticos y todo, y saben muy bien que los canarios estamos enganchados al tema este de Operación Totufo, como así hemos venido demostrando a lo largo de pasadas ediciones con los Ramón, Toni Santos y el resto de la basca, que vaya usted a saber donde están ahora mismo esos genios de la canción que una vez salvamos a golpe de móvil para convertirlos en estrellas y todavía estoy esperando mi parte de la inversión astronómica.

 

Los canarios salimos a la calle a armar jaleo sobre unos zancos para reivindicar un mísero dos por ciento de Cultura, pero luego no invertimos los cuatro chavos que nos bailan en el bolsillo en hacer realidad esa otra culturilla personal, a pequeña escala (comprando un libro, por ejemplo), sino que los gastamos en este nuevo mecenazgo popular del teléfono móvil, en engañosos mensajes salvadores que no llegan a otra parte que a los bolsillos rotos de cuatro listillos muertos de hambre.

 

Con todo el dinero que nos hemos gastado los canarios en la Idaira, le hubiéramos pagado a la chica unas clases de canto como Dios manda y todavía nos hubiera sobrado dinero para contratarle un par de discos con la mejor productora, promoción publicitaria incluida.

 

Sin embargo, el homo movilis no atiende a razones, se siente poderoso y seguro, él solo, con ese consolador multimedia entre las manos, algo que ya llevamos en los genes (el móvil) y que la Naturaleza no tardará en otorgarnos de serie en futuras generaciones.

 

Nos quejamos cada año de lo caro que sale el material escolar de nuestros regatones, nos ponemos remolones a la hora de comprar una libreta; pero luego no escatimamos en mensajitos a Idaira.

 

Y, mientras tanto, la educación de nuestros hijos no hay quien la salve de la enésima nominación.

 

 

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