Miracielos

July 13, 2017

 

A Juanito el del Valle le hace mucha gracia que mire al cielo cuando estoy por los alrededores de su casa que está al lado de un establo. Dice Juanito que, la primera vez que me vio, me trancó mirando al cielo, como atolondrado, y es por eso que, cada vez que me ve asomar por la ladera de Los Hermanos, dice aquello de “por ahí viene el Miracielos”.

 

Este bucólico episodio de mi vida privada viene a santo de que últimamente estoy mirando a la atmósfera más de lo corriente. La culpa la tiene este clima variable y el hombre del tiempo, del cual no me fío ni un pelo.

 

Antes, la cosa atmosférica era distinta. Yo recuerdo que en la época de don Mariano Medina, por ejemplo, estas discrepancias con la Naturaleza no se daban.

 

Don Mariano era un señor con gafas que nunca se equivocaba en sus pronósticos del tiempo porque antes de darlos se asomaba a los ventanales de Prado del Rey (como Franco al balcón del Palacio del Pardo), se atusaba el peluquín y pronosticaba los litros por metro cuadrado que iban a caer sobre la Submeseta Norte.

 

Pero a partir de Manuel Toharia la cosa atmosférica empezó a decaer y cayó en picado con nuestro Montesdeoca. Ni la escarpada orografía de la Minerva Piquero le puso remedio a la flaccidez de la cosa atmosférica, que en los telediarios ha pasado de ser tema estrella a mero trasunto por mucha fotografía artística del respetable que publiquen.

 

En la época de don Mariano, en Canarias no llovía (salvo lo justo) y el frío, ni nombrarlo. Las Islas Canarias lucían como un limón a la entrada del Mediterráneo, sobre un mapa hecho a mano que era como una viñeta del Forges.

 

Pero ahora se estila la fotografía del satélite y la pantalla de plasma en la que el guaperas de turno pinta con un dedo un anticiclón sobre Las Azores que no se parece a nada. En cambio, don Mariano con la tiza era un Da Vinci que dibujaba unas isobaras que eran como la sonrisa de la Gioconda.

 

No se puede uno explicar la efectividad de los pronósticos del tiempo en la época de don Mariano y que ahora con el satélite no metamos una en el gongo. Desde que la cosa atmosférica se democratizó y liberalizó, el tiempo ya no es lo que era.

 

El parte que da la televisión pública no es el mismo que el de las privadas o las locales. Cada cual hace con el tiempo lo que le da la gana, como si en ello se jugaran el tres por ciento.

 

Por eso es que a mí me gustaba don Mariano Medina, porque lo que decía iba a misa y no había borrasquilla o tsunami que se le rebelara.

 

Don Mariano Medina era una especie de Zeus bonachón de derechas que gobernaba el cielo desde su trono en Prado del Rey, con su varita de señalar en el mapa que era como un rayo que ponía firmes a los fenómenos atmosféricos.

 

Don Mariano se anticipaba a la cosa atmosférica y lo que pintaba sobre la piel de toro era una suerte de magia blanca que al día siguiente se hacía realidad en los cielos de España. Don Mariano era otro miracielos.

 

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