Las reformas son para el verano

July 13, 2017

La Opinión de Tenerife, 9 de agosto de 2006

 

 

Los que no podemos hacer reformas en casa y viajar a Ibiza al mismo tiempo nos tenemos que conformar con el veranillo de los pobres. Todos los años no se puede, así que hay que elegir entre las brochas o las maletas. Este verano tocaba brochas.

 

Como uno es poco ajeitado en estas lides de las reformas domésticas, no te queda más remedio que contratar a un notas que te lo haga (bien) y es, entonces, cuando empiezan los problemas, pues esto de la albañilería y la pintura de brocha gorda se ha convertido en un lujo que no todo el mundo se puede permitir.

 

Hace un par de años se me ocurrió la osada idea de pintar por mi cuenta y entre la parienta y un servidor (luego se apuntaron también un par de colegas) nos enfrascamos en una odisea de colores y esencias de aguarrás.

 

El experimento no terminó mal del todo, nos quedó una obra bastante curiosa, pero nos pegamos un mes, que se suponía de descanso, dale que te pego a la muñeca, arriba y abajo, izquierda y derecha, según nos había enseñado el señor Miyagi en sus clases de kárate.

 

Este año, sin embargo, hemos querido contribuir al desarrollo de la economía canaria contratando a un notas que nos pinte la casa (por fuera, que es lo que se ve), pero no caí en la cuenta de que el negocio de la pintura ya no es lo que era: ahora todo son empresas y grupos de fulanos que te vuelven loco con presupuestos, permisos de obras y toda la vaina.

 

Tú sólo quieres que le den una manita de pintura a la fachada para ir escapando y parece que te fueran a restaurar la Capilla Sixtina. Es curioso lo que ha ocurrido con los oficios de toda la vida o de primera necesidad (albañilería, fontanería, carpintería, etc.), que con el tiempo han querido reivindicarse a base de henchir el vocabulario con tecnicismos hueros y subiendo las tarifas al precio de un riñón.

 

Antes te venía un tío a pintarte la casa y sobre la marcha te decía lo que te iba a salir la gracia y las cervecitas que se iba a beber. Ahora te vienen un par de tíos con una cinta métrica y unos aparatejos que parecen sacados de un laboratorio y te calculan primero el área del romboide, según ellos para ver la incidencia de la refracción de la luz en las tonalidades mates y el índice de riesgo laboral para la peña que va a levantar la pirámide.

 

Luego te tienen dos o tres semanas esperando por el presupuesto para al final decirte que el maestro Miguel Ángel no trabaja por menos de catorce talegos al día y que su corte de fámulos también come en plata.

 

Así que nosotros estamos pidiendo presupuestos a todo quisque desde junio y la semana pasada nos empezaron a llover ya las primeras ofertas.

 

Luego habrá que pedir los permisos oportunos al ayuntamiento, ver cuando los notas pueden empezar la restauración inmobiliaria… En fin, creo que de aquí al próximo verano podré ver la fachada de mi casa reluciente como los muros del Vaticano.

 

 

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