Auditoría educativa

March 22, 2017

 

La semana que viene nos van a hacer en el curro una auditoría interna y ya se me está empezando a poner cara de empleado de recauchutados.

 

Resulta que el centro educativo en el que trabajo forma parte de una Red de Centros Integrados, como el aceite, una iniciativa de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias que se ha materializado, además, en un Proyecto de Calidad, cuya estructura e intenciones lo que pretenden, en el fondo, es convertir a los centros de enseñanza en algo así como una empresa privada del sector.

 

Este tipo de bromas son las que crean el malestar entre la peña, pues a la consabida misión del enseñante se le añaden ahora otras tareas más propias de burócratas o subalternos de una PYME (la Educación nunca llegará a multinacional).

 

Digo yo que el docente está para hacer lo que consta en la raíz de la palabra que lo define (del latín docere, 'enseñar'), para intentar que los futuros ciudadanos de este país no se conviertan en un atajo de ignorantes cuya sapiencia estribe en la habilidad para apretar los tornillos de las urnas electorales, como así pretende la LOMCE, lo último en leyes educativas. 

 

La tarea docente ha ido adquiriendo con el tiempo responsabilidades que en la época de Aristóteles eran impensables. Para empezar, nos enfrentamos diariamente a un sinfín de papeleo. Sólo programar las asignaturas que impartimos durante un curso consume el papel que puede producir un buen ejemplar de secuoya.

 

Hay que hacer programaciones anuales, programaciones trimestrales, situaciones de aprendizaje de esas programaciones trimestrales, programaciones de aula semanales, programación diaria de las actividades que vas a realizar con los escolásticos (alumnos del PPSistema)… Y dejar constancia en acta de todo lo que haces anual, trimestral, semanal y diariamente. Encima, todo tiene que estar el día justo que te piden los de arriba.

 

Los docentes son los únicos burócratas del Estado que tenemos los papeles cumplimentados puntualmente para la fecha que se nos fija. En la docencia no vale eso del “vuelva usted mañana”.

 

A ver quién se lo dice a un padre mal encarado que viene a buscar las notas de su hijo, sobre todo a uno de esos que piensan (como dijo una vez don Paulino, otrora presidente de la Cosa Canaria) que los profesores son todos una panda de haraganes con más de tres meses de vacaciones.

 

Llevamos un puñado de años metidos en este proyecto de calidad y salvo las perritas que nos han entrado para el centro (y la cagalera que cogen algunos en los días previos a la auditoría), no veo yo en qué medida ha mejorado la calidad educativa en la labor propiamente docente y en el bienestar de un colectivo cada vez más maltratado y vilipendiado.

 

Con lo fácil que se lo montaban los peripatéticos en la antigua Grecia, descubriendo el mundo a sus escolásticos mientras daban un paseo tranquilo por los jardines de la Academia.

 

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