Cervanticidas

March 16, 2017

La Opinión de Tenerife, 16 de noviembre de 2005

 

 

Ahora que está a punto de zanjarse el cervantino año, la basca quiere cargarse a Don Miguel para enterrarlo de nuevo en algún descampado de La Mancha después de exprimirle hasta el tuétano durante este espléndido lapso del centenario.

 

La basca investigadora le agradece los servicios prestados publicando trabajitos de una enjundia sospechosa, en los que tachan a Cervantes de tartamudo, diabético, manco, alcohólico, foco de paludismo y, para colmo de males, inspector de Hacienda.

 

Tal ha sido la conclusión a la que ha llegado la Asociación de Médicos Escritores y Artistas (?) que durante estos días ha debatido en Málaga sobre Cervantes y los médicos.

 

Después de tantas lindezas, uno duda si El Quijote lo escribió en realidad Cervantes durante un trance cirrótico o bien se lo birló a algún desgraciado durante una artera expropiación del Fisco.

 

El próximo uno de enero, El Quijote volverá al baúl de los recuerdos literarios, ese lugar en el que estuvo recluido hasta hace un año, cuando a alguien se le ocurrió freír los chicharrones del Rocinante para venderlos al mejor postor.

 

Este año del centenario ha sido el año en que más Quijotes se han publicado: Quijotes para niños y para señoras, Quijotes para leer en el metro y de cara a la Meca, Quijotes con tropecientas notas a pie de página que dificultan todavía más la lectura, Quijotes en todas las lenguas del mundo y en una sola (Esperanto), etc.

 

Se han hecho estudios de El Quijote desde todas las perspectivas posibles: las Matemáticas, la Física, la Gastronomía, la Numerología, la Geología, la Zoología y todas las logías habidas y por haber.

 

Se ha echado de menos, sin embargo, un estudio serio sobre la erótica de El Quijote que tantas libidos, por otra parte, ha levantado entre los octogenarios de la Academia.

 

Un estudio concienzudo habría revelado, por ejemplo, las verdaderas opciones sexuales de Don Alonso Quijano que se masturbaba leyendo el Amadis de Gaula y esa fue la verdadera causa (ya nos lo advirtieron de pequeños) de su locura.

 

Don Quijote salió del armario para convertirse en un heterosexual de manual en busca de su Dulcinea. Pero dejemos aquí el estudio erótico que faltaba para dentro de otros quinientos años. Para entonces las novelas de caballería serán lectura recomendada en las escuelas marcianas.

 

Todo lo anterior viene a demostrar que el único que ha cotizado este año a la Seguridad Social ha sido Don Miguel de Cervantes, que el resto de los españoles nos hemos dedicado a vivir del cuento de El Quijote con todas esas variopintas maneras de ganarse la vida que ya hemos nombrado, demostrando que la novela picaresca se ha hecho realidad en esta granja humana amenazada por la gripe aviar.

 

Por cierto, el primer caso de gripe aviar aparece también en El Quijote durante el episodio que vivieron los dos héroes manchegos en aquella venta en la que mantearon a Sancho. La exclusiva es mía, busquen la referencia.

 

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