Con trazos depresivos

La Opinión de Tenerife, 13 de junio de 2007

 

 

Rescato de esos abismos de La Socia (léase artículo correspondiente para saber quién es esta señora tan dispuesta) un estudio realizado por la Universidad de Granada, según el cual dibujar en la parte inferior de un folio puede indicar trastornos depresivos. 

 

Por el contrario, si el dibujo se realiza en la zona superior de la hoja, nos encontramos ante un individuo con una personalidad optimista, soñadora e idealista. Finalmente, concluye la sesuda investigación, si el dibujito se pinta en el centro, ahí nos hemos topado con un notas con una gran seguridad en sí mismo. 

 

El trabajo no dice nada (aunque nos lo imaginamos) acerca de aquellos que ante el folio en blanco no son capaces siquiera de pintar la maja desnuda con cuatro palos y dos círculos (tal es, por ejemplo, mi habilidad como retratista) o de aquellos otros, peritos en llenar el folio con grandes barbaridades o disparates, ya sean dibujadas o escritas. 

 

No deja de ser una majadería gansa la forma en que algunos despilfarran las perritas del I+D, pero, bien mirado, este estudio psicoanalítico nos vendría de perlas a todos los docentes ahora que hay que ponerles las calificaciones navideñas a los escolásticos. Sin ir más lejos,  yo les  voy a mandar a los míos que en el examen de evaluación me dibujen algo en un folio en blanco, a ver dónde me colocan la obra de arte. 

 

Si me sale depresivo, le voy a poner un cinquito, para que se anime. Si me sale soñador, lo voy a suspender, para que baje de las nubes y ponga los pies en el suelo, que la nueva LOMCE quiere ciudadanos despiertos al pie de la cadena de montaje. Y si me sale un tío seguro y confiado, me lo tumbo igual, para que no sea tan enterado. 

 

Y es que el futuro de nuestro país debería estar en manos de personalidades depresivas, que al fin y al cabo son las que se liman los codos estudiando. 

 

Mi época estaba llena de escolásticos depresivos que nos pasábamos las horas de clase pintando guarradas a pie de pagina. Los libros de texto eran un suplemento escolar del Playboy de nuestra época. 

 

Por ejemplo, dibujábamos en la esquina derecha de cada página la secuencia fotográfica de un tío y una tía que se encontraban por la calle y se ponían a follar sin más (una de nuestras grandes fantasías adolescentes de amor libre). Luego pasábamos las páginas rápidamente e inventábamos el cinematógrafo, en su versión video casero casposillo de Serie B. 

 

Como no era buen dibujante, yo le encargaba los trabajitos al Drácula, un colega de 1º de BUP que pintaba de puta madre, casi mejor que Leonardo da Vinci. Y mientras él me decoraba el libro con una capilla sixtina de tías en bolas, a mí no se me ocurría otra cosa que atender en clase. Si es que te digo yo...

 

 

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